Efectos del tabaco en la salud animal y el medio ambiente.

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El consumo de tabaco mata a más de 5 millones de personas al año y es responsable de la muerte de 1 de cada 10 adultos. Entre los cinco principales factores de riesgo de mortalidad, es la causa de muerte más prevenible. El 11% de las muertes por cardiopatía isquémica, la principal causa mundial de muerte, son atribuibles al consumo de tabaco. Más del 70% de las muertes por cáncer de pulmón, bronquios y traquea son atribuibles al consumo de tabaco. Si se mantienen las tendencias actuales, el consumo de tabaco matará a más de 8 millones de personas al año en 2030. La mitad de los más de 1000 millones de fumadores morirán prematuramente de una enfermedad relacionada con el tabaco.

El costo económico del consumo de tabaco es igualmente devastador. Además de los elevados gastos de salud pública relacionados con el tratamiento de enfermedades causadas por el tabaco, el tabaco mata a las personas en la cúspide de su vida productiva, privando a las familias de su sustento y a las naciones de una fuerza de trabajo sana. Además, los consumidores de tabaco son menos productivos durante su vida debido a su mayor vulnerabilidad a las enfermedades.

El tabaco y la pobreza están indisolublemente ligados. Numerosos estudios han revelado que en los hogares más pobres de algunos países de bajos ingresos los productos del tabaco representan hasta un 10% de los gastos familiares. Esto significa que esas familias disponen de menos dinero para destinar a sus necesidades básicas, por ejemplo, alimentación, educación y atención de salud. Además de sus efectos sanitarios directos, el tabaco da lugar a malnutrición, mayores gastos en atención de salud y muerte prematura. Asimismo, contribuye a elevar las tasas de analfabetismo, ya que el dinero que podría utilizarse para educación se destina, en cambio, al tabaco. La relación entre el tabaco y el agravamiento de la pobreza ha sido ignorada durante mucho tiempo por los investigadores de ambas áreas.

La experiencia ha señalado que existen numerosas medidas costoeficaces para el control del tabaco que pueden aplicarse en diferentes contextos y lograr efectos significativos en el consumo de tabaco. Las estrategias más eficaces en relación con los costos son las políticas públicas dirigidas a la población en general, por ejemplo prohibiciones de la publicidad directa e indirecta del tabaco; aumentos de impuestos y precios de productos de tabaco; creación de espacios sin humo en todos los lugares públicos y lugares de trabajo; y mensajes sanitarios bien visibles y claros en los paquetes de tabaco. Todas estas medidas se abordan en las disposiciones del Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco.

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Mientras fumas tu cigarrillo, en los laboratorios financiados por las industrias tabaqueras están siendo torturados miles de animales…

A pesar de que las comisiones de salud saben desde décadas que fumar induce a cáncer de pulmón, enfisema y otras enfermedades, la industria tabacalera, en un intento por encontrar evidencias de lo contrario, sigue realizando dolorosos experimentos en perros, gatos, monos, conejos, pollos, ratas, ratones y otros animales.

En este momento, monas preñadas del Oregon Regional Primate Research Center (ORPRC), de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregon [Oregon Health and Sciencies University (OHSU), están cautivas en pequeñas jaulas de metal, mientras su fetos son expuestos a la nicotina. Formado por el gobierno de los EE.UU., el experimentador Eliot Spindel afirmó que “los efectos deteriorantes del tabaquismo maternal durante el embarazo están ya demasiado bien establecidos”. Su estudio de 5 años, durante los que matará a los bebés monos y diseccionará sus pulmones, se financiará con el dinero del contribuyente durante el 2004.

Otros ejemplos de experimentos con tabaco en animales incluyen:

· Cortar agujeros en las gargantas de los beagles a través de los cuales los perros son forzados a respirar humo de tabaco concentrado durante todo un año.

· Insertar electrodos en los penes de los perros para comprobar los efectos del tabaquismo en el funcionamiento sexual.

· Atarles máscaras con correas en la cara a ratas, ratones y monos y forzarles permanentemente a respirar el humo del tabaco.

· Forzar a perros a estar en ventiladores mecánicos y exponerles crónicamente al humo del tabaco.

· Inmovilizar a monos rhesus en sillas con dispositivos cerebrales (electrodos o agujas estereotáxicas) y exponerles a nicotina y cafeí­na para ver cómo la cafeí­na y la nicotina les afecta a la respiración.

Irónicamente, los experimentos en animales engañaron al público durante años ya que ratas, ratones, perros, y otros animales no desarrollarán cánceres en sus pulmones como lo hacen los humanos. Las enfermedades relacionadas con el tabaquismo provienen de estudios epidemiológicos y clí­nicos en humanos, no en animales.

Las compañí­as tabacaleras han escondido los experimentos con animales durante años, tratando inútilmente de disminuir los efectos del tabaco en humanos. Experimento tras experimento intentan probar que el fumar no mata.

Aún así hay muchos fumadores que no están dispuestos a dejar el cigarrillo a pesar de estar conscientes del daño que el hábito está causando a su salud. Pero una nueva investigación encontró que hay algo por lo que sí lo dejarían: la salud de los animales en el hogar

La investigación, llevada a cabo en Estados Unidos con 3.300 personas que conviven con animales, encontró que 28% de los que fumaban tratarían de dejar el hábito si supieran que el humo del tabaco perjudica a sus perros y gatos. El sondeo fue llevado a cabo por el Centro para la Promoción de la Salud y Prevención de Enfermedades del Sistema de Salud Henry Ford en Detroit. Y fue realizado como parte de la publicación de una investigación sobre los efectos del humo del tabaco en la revista “Tobacco Control”.

El estudio descubrió que el humo del tabaco puede ser tan peligroso para los animales como para las parejas de un fumador.
La exposición pasiva al humo del tabaco ha sido asociada con cánceres linfático, nasal, y de pulmón, alergias, enfermedades del ojo y la piel así como problemas respiratorios en gatos y perros.
Y sin embargo, afirman los autores, muy pocos fumadores se dan cuenta del impacto que su hábito está teniendo en la salud de los animales.

Fue por eso que los investigadores decidieron llevar a cabo el sondeo para investigar la conducta de los fumadores en el hogar y su conocimiento sobre los efectos del hábito en sus perros y gatos.
Entre los participantes, uno de cada cinco era fumador, y uno de cada cuatro vivía con al menos un fumador.
El promedio de cigarrillos fumados fue de 13,5 al día, la mitad de los cuales se consumían dentro de la casa.
Los resultados de la encuesta mostraron que, entre los que fumaban, uno de cada cuatro (28,4%) dijo que dejaría el hábito si supiera que el humo estaba afectando a sus animales de compañia.

El 8,7% afirmó que si supieran del daño, pedirían a sus parejas fumadoras que dejaran el hábito. Y uno de cada siete fumadores (14%) dijo que pediría a sus parejas que fumaran en el exterior.
Estas cifras, dice el estudio, fueron más altas entre los no fumadores que participaron en la encuesta. Entre ellos, más de 16% dijo que pediría a su pareja dejar de fumar, y 25% pediría al fumador que fumara en el exterior.

Tal como señala la doctora Sharon Milberger, la epidemióloga que llevó a cabo la investigación, los resultados son “muy alentadores” y podrían conducir a una reducción del tabaquismo. Un estudio pasado llevado a cabo por la Asociación Médica Veterinaria de Estados Unidos mostró que 85% de la gente que posee animales en ese país las considera miembros de la familia. Y para mucha gente el bienestar de sus animales es más importante que su propio bienestar.

“Es claro que los que conviven con animales en Estados Unidos son un grupo muy devoto” afirman los autores del estudio.
“Por eso las campañas de salud enfocadas en el impacto dañino que el humo del tabaco está causando en animales podrían ser muy beneficiosas”, señalan.

Tal como señala la doctora Milberger, el siguiente paso será llevar a cabo más investigaciones para analizar si la gente realmente deja de fumar cuando reciba información sobre los efectos adversos del tabaco en los animales.

“Dos de cada tres personas en Estados Unidos vive con animales -dice la investigadora- y adoran a sus animales”.

“O sea que son 70 millones de perros y gatos, y una de cada cinco de ellas vive con un fumador”, agrega.

Nuestra salud ni la de los animales con los que convivimos no son las únicas perjudicadas por el consumo de tabaco. El humo que desprenden, las toneladas de colillas que generan y, sobre todo, las dificultades para biodegradarlo han convertido a los cigarrillos en uno de los principales enemigos para nuestro entorno.

Según datos de la Asociación Española Contra el Cáncer cada año terminan en el suelo 4.5 billones de colillas, lo que supone un volumen de residuos que superior a las 840.000 toneladas. Tanto es así que, según datos del Ministerio de Salud de Argentina, el tabaco se ha convertido ya en el principal generador de basura del planeta, convirtiendo a nuestro medio ambiente en el fumador pasivo número uno.

Los filtros de las colillas, la parte más tóxica del cigarrillo, está compuesta principalmente por acetato de celulosa, un material  no biodegradable cuyo efecto sobre el medio ambiente puede prolongarse durante 25 años. Además, según un informe elaborado por las universidades de California y San Diego, algunas de las sustancias tóxicas que perviven en una sola colilla, como la nicotina y el alquitrán, pueden llegar a contaminar hasta 50 litros de agua.

Pero más allá de los efectos de sus residuos sobre nuestro entorno, la propia elaboración del tabaco es también el principal responsable de la deforestación de decenas de selvas tropicales. De hecho, según cifras de la Universidad de Florida, tres de cada ocho árboles que se talan cada año se destinan al cultivo o al proceso de curación de las hojas, que mayoritariamente se realiza a través de la quema de leña.  Sin duda, cantidades ingentes de madera a las que, además, hay que sumar el papel necesario para envolver no sólo el cigarrillo, sino también paquetes y cartones.

Al importante desgaste medioambiental generado por su producción, hay que sumar también los efectos provocados por su consumo. En primer lugar, la Asociación Española Contra el Cáncer estima que el tabaco genera cada año unas 225.000 toneladas de CO2, lo que equivale a las emisiones anuales de entorno a 10.000 vehículos. A todo ello hay que sumar los incendios generados por el lanzamiento de colillas mal apagadas, que ya suponen el 3% del total.

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